viernes, 6 de marzo de 2009
Sobre socialismo y nacionalismo
¿Puede un socialista ser nacionalista? Depende del tipo de socialismo que profese. Es evidente que en la historia de las ideas políticas diferentes corrientes han pretendido la síntesis entre ambos conceptos, desde los nacionalsocialistas hasta partidos y coaliciones como ERC o HB. Más difícil es que un socialista “clásico” (por muy postmarxista que sea) pueda considerarse también nacionalista, tanto da si español, venezolano, irlandés o catalán[1].
Sabido es que el marxismo ve en la lucha de clases el motor de la historia, y ello significa que cualquier persona se parece más a otra no por dónde ha nacido o por su sexo, etnia o raza, sino por su relación con los medios de producción. Es decir, que un obrero vasco debería sentirse más próximo a un obrero de Albacete o de Marrakech que a un empresario o directivo vasco, incluso aunque fuera de su mismo pueblo. Los proletarios del mundo entero deben unirse, los trabajadores no tienen patria (Manifiesto Comunista), y la internacionalización de las fuerzas productivas como consecuencia de la tarea histórica del capitalismo de crear una economía mundial constituye el prerrequisito objetivo para el establecimiento del comunismo (El Capital).
En un famoso pasaje de La ideología alemana Marx y Engels rechazan explícitamente la posibilidad de la construcción del socialismo en un solo país, previendo que tal empeño sólo llevaría en esos países “socialistas” a un capitalismo de Estado, y que acabarían formando parte como oferentes y demandantes del (libre) mercado internacional.
Marx se mostró casi siempre partidario de la independencia de los pueblos sojuzgados por el imperialismo, como en el caso de Irlanda, pero no por motivos nacionalistas, sino como un “tratamiento de shock” contra el patriotismo de los trabajadores de los pueblos opresores[2].
Cierto es que la posición de Marx se pierde en algunos de sus continuadores inciales, como los dirigentes polacos del PPS, pertenecientes a un país con una gran tradición insurreccional y popular frente al imperio Ruso. Para estos “socialpatriotas” la lucha por la independencia nacional tuvo desde el principio prioridad sobre cualquier otra, y hasta llegan a oponerse a que los obreros polacos, de una “nación oprimida”, participen en las huelgas de masas organizadas por los obreros rusos, de una “nación opresora”, durante la revolución de 1905. Esta posición nacional fue asumida también por muchos marxistas de aquellas naciones que se consideraban oprimidas, como checos y alemanes.
El internacionalismo entra en crisis también entre los marxistas de los países o grupos dominantes, como los austriacos y los británicos, cuando basándose en la unidad de la clase trabajadora, defienden la integridad de sus imperios frente a la desagregación nacional. Están dispuestos a aceptar un cierto grado de autonomía, pero no a reconocer el derecho de autodeterminación[3].
Durante ese tiempo sólo algunas figuras como Rosa Luxemburgo mantienen las esencias del internacionalismo frente a la “ideología obsoleta y reaccionaria” del nacionalismo hasta que Lenin, retomando la visión de Marx, apoya las demandas de autodeterminación nacional de los pueblos oprimidos, pero sólo como parte de la lucha contra el imperialismo y siempre que los movimientos marxistas, aunque colaboren con el nacionalismo, no caigan en veleidades nacionalistas.
Para acabar, y por referirnos a entornos más próximos, pareceria lógico pensar que, en el caso de Cataluña y de El País Vasco, un marxista de pro: 1. Negaría el mito de la “opresión nacional” en esos territorios 2. Apoyaría el derecho de autodeterminación de los pueblos catalán y vasco (si ellos desean ejercerlo), pero como un modo de debilitar al nacionalismo español 3. Negaría que existieran “intereses nacionales” diferentes entre los trabajadores de Cataluña, del País Vasco y del resto de España, por lo que no podría justificarse la colaboración entre el movimiento obrero vasco y catalán y los partidos liberales y conservadores de esos territorios.
[1] Véase, por ejemplo, la visión sobre el nacionalismo de un historiador paradigmático de ese marxismo clásico como E. Hosbawn.
[2] Ni Marx ni Engels mostraron la menor simpatía por los movimientos “populares” escoceses, bretones o vascos, a pesar de lo que ha pretendido demostrarse con falsas citas como la supuesta alabanza al carlismo por parte de Marx tan reproducida como falsa.
[3] Hay socialistas (de la IIa Internacional) que piensan que tras el socialismo el colonialismo debe mantenerse para elevar el nivel de los indígenas. Ese colonialismo bueno es uno de los argumentos de Mussolini al invadir Etiopía, como se refleja claramente en la canción faccheta nera. Los marxistas, en cambio, apoyaban, al igual que los países capitalistas, a Haile Selassie, a pesar de representar un régimen feudal y esclavista.
Sabido es que el marxismo ve en la lucha de clases el motor de la historia, y ello significa que cualquier persona se parece más a otra no por dónde ha nacido o por su sexo, etnia o raza, sino por su relación con los medios de producción. Es decir, que un obrero vasco debería sentirse más próximo a un obrero de Albacete o de Marrakech que a un empresario o directivo vasco, incluso aunque fuera de su mismo pueblo. Los proletarios del mundo entero deben unirse, los trabajadores no tienen patria (Manifiesto Comunista), y la internacionalización de las fuerzas productivas como consecuencia de la tarea histórica del capitalismo de crear una economía mundial constituye el prerrequisito objetivo para el establecimiento del comunismo (El Capital).
En un famoso pasaje de La ideología alemana Marx y Engels rechazan explícitamente la posibilidad de la construcción del socialismo en un solo país, previendo que tal empeño sólo llevaría en esos países “socialistas” a un capitalismo de Estado, y que acabarían formando parte como oferentes y demandantes del (libre) mercado internacional.
Marx se mostró casi siempre partidario de la independencia de los pueblos sojuzgados por el imperialismo, como en el caso de Irlanda, pero no por motivos nacionalistas, sino como un “tratamiento de shock” contra el patriotismo de los trabajadores de los pueblos opresores[2].
Cierto es que la posición de Marx se pierde en algunos de sus continuadores inciales, como los dirigentes polacos del PPS, pertenecientes a un país con una gran tradición insurreccional y popular frente al imperio Ruso. Para estos “socialpatriotas” la lucha por la independencia nacional tuvo desde el principio prioridad sobre cualquier otra, y hasta llegan a oponerse a que los obreros polacos, de una “nación oprimida”, participen en las huelgas de masas organizadas por los obreros rusos, de una “nación opresora”, durante la revolución de 1905. Esta posición nacional fue asumida también por muchos marxistas de aquellas naciones que se consideraban oprimidas, como checos y alemanes.
El internacionalismo entra en crisis también entre los marxistas de los países o grupos dominantes, como los austriacos y los británicos, cuando basándose en la unidad de la clase trabajadora, defienden la integridad de sus imperios frente a la desagregación nacional. Están dispuestos a aceptar un cierto grado de autonomía, pero no a reconocer el derecho de autodeterminación[3].
Durante ese tiempo sólo algunas figuras como Rosa Luxemburgo mantienen las esencias del internacionalismo frente a la “ideología obsoleta y reaccionaria” del nacionalismo hasta que Lenin, retomando la visión de Marx, apoya las demandas de autodeterminación nacional de los pueblos oprimidos, pero sólo como parte de la lucha contra el imperialismo y siempre que los movimientos marxistas, aunque colaboren con el nacionalismo, no caigan en veleidades nacionalistas.
Para acabar, y por referirnos a entornos más próximos, pareceria lógico pensar que, en el caso de Cataluña y de El País Vasco, un marxista de pro: 1. Negaría el mito de la “opresión nacional” en esos territorios 2. Apoyaría el derecho de autodeterminación de los pueblos catalán y vasco (si ellos desean ejercerlo), pero como un modo de debilitar al nacionalismo español 3. Negaría que existieran “intereses nacionales” diferentes entre los trabajadores de Cataluña, del País Vasco y del resto de España, por lo que no podría justificarse la colaboración entre el movimiento obrero vasco y catalán y los partidos liberales y conservadores de esos territorios.
[1] Véase, por ejemplo, la visión sobre el nacionalismo de un historiador paradigmático de ese marxismo clásico como E. Hosbawn.
[2] Ni Marx ni Engels mostraron la menor simpatía por los movimientos “populares” escoceses, bretones o vascos, a pesar de lo que ha pretendido demostrarse con falsas citas como la supuesta alabanza al carlismo por parte de Marx tan reproducida como falsa.
[3] Hay socialistas (de la IIa Internacional) que piensan que tras el socialismo el colonialismo debe mantenerse para elevar el nivel de los indígenas. Ese colonialismo bueno es uno de los argumentos de Mussolini al invadir Etiopía, como se refleja claramente en la canción faccheta nera. Los marxistas, en cambio, apoyaban, al igual que los países capitalistas, a Haile Selassie, a pesar de representar un régimen feudal y esclavista.
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