viernes, 22 de agosto de 2014

Sobre el uso y abuso del término "populismo"

El artículo de Gustavo Vidal El esperpento de la encuesta del CIS y el monumental despiste del PSOE publicado en Nueva Tribuna[1], que parece ser el inicio de sucesivas entregas sobre el populismo, y en el que se rechaza en carácter de izquierdas de Podemos, calificándolo de movimiento populista, me gustaría realizar las siguientes apreciaciones:

Sin entrar en este momento en el análisis de esa formación, coincido con su afirmación de que “todo populismo se extiende de modo transversal”, e incluso podría asumir, con matices, la idea de que “El populismo no es de izquierdas ni de derechas, aunque exhiba elementos comunes con ambas tendencias.

Ahora bien, cuando se mete en el mismo saco "populista" a Chávez, a Perón, a Vargas, a Velasco Ibarra (supongo que también a Velasco Alvarado), a CFK e incluso a Mussolini y Hitler, me temo que se incurre en el generalizado defecto de utilizar el término “populista” como flatus vocis,  despojado de contenido político concreto. De recurrir a él abusivamente, al modo actual, con lo que al final “populista” es sinónimo no ya de “demagogo”, “antidemocrático” o “reaccionario”, sino simplemente del “otro” en el que proyectamos todos los defectos políticos

Si recurrimos a la definición de un experto como  Taguieff [2] (que también se extralimitó en la aplicación el término) y consideramos que el populismo se basa en la pretensión de una democracia genuina, directa, desde la desconfianza ante el establishment partitocrático tradicional, ni la derecha ni la izquierda están a salvo de sus correspondientes interpretaciones populistas.  

Así, si pensamos en el siglo XIX, las dos “almas” del populismo, aunque muy diferentes entre sí, vendrían a coincidir en su carácter antiliberal: el populismo ruso, el cual creía – contra lo propugnado por el marxismo- que era posible alcanzar el socialismo sin pasar necesariamente por la etapa de desarrollo burgués-capitalista, y el populismo estadounidense, que se configura como una ideología de carácter arcaizante, contraria al capitalismo y favorable a una especie de comunitarismo  agrario.

Por lo que se refiere al siglo XX, los dos movimientos populistas por antonomasia en la Europa del siglo XX,  el poujadismo francés (L’ Union de Défense des Commerçants et Artisans) y el qualunquismo italiano (Fronte dell’Omo Qualunque) son movimientos soportados por la pequeña burguesía comercial e industrial, que adoptan un programa antiestatista, individualista, de lucha contra los impuestos, etc., que les acerca más al liberalismo que al fascismo, principal adversario con el que comparten clientela electoral.

Es importante, en este sentido, diferenciar el populismo de los movimientos fascistas o nacionalsocialistas, a los que pertenecen no sólo Mussolini y Hitler, sino también Perón, el socialismo panárabe y muchos movimientos terceristas o que se definen como socialistas y que están en la mente de todos.

Empecemos por diferenciar claramente entre posiciones ideológicas, porque del batiburrillo nunca sale la luz.




[2] L'Illusion populiste : de l'archaïque au médiatique (2002). L'illusion populiste. Essais sur les démagogies de l’âge démocrátique (2007).

jueves, 21 de agosto de 2014

Israel, Gaza y la verdad

Todas las informaciones que aporta el señor Isaac Querub en su artículo ¿Quién teme  a la verdad?[1]), publicado en El País el 11 de julio de 2014, son ciertas. Y, sin embargo, están al servicio de un error esencial que invalida en buena parte su alegato. El rechazo a las acciones de Israel en Gaza no supone en modo alguno, por parte de la inmensa mayoría de los que han mostrado ese rechazo, un apoyo a Hamás o a sus aliados, algunos con sorprendentes vínculos empresariales y deportivos en España. Lo que esos “intelectuales y gente poco formada/poco culta” (a decir del señor Querub) denuncian es el uso desproporcionado de la fuerza por parte de un país contra el que no tienen nada, y cuyo derecho a existir reconocen expresamente. Tal posición, mantenida también por muchos israelíes (imagino que igualmente intelectuales y gente poco culta), es la que realmente permitiría conseguir una alianza con esos árabes y musulmanes  inteligentes y moderados a los que se refiere el señor Querub. y a quienes el gobierno israelí se lo está poniendo muy difícil.